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- El tripartito feo
La suerte de presidir una comunidad bilingüe es que al lema: “Eleccions anticipades, Ja”, tú vas y respondes con un sonoro: “Elecciones, ja-ja-ja”. Esa hidra tripartita que es la oposición valenciana, desde que le sonríen los quesitos de las encuestas, se las promete muy feliz y ya se ve pisando moqueta. De ahí, sus prisas y de ahí, mis risas.
El combinado izquierdista me empuja para que convoque pronto, no vaya a ocurrir que yo, un advenedizo, se consolide entre propios y extraños, y dé la sorpresa. Claro que para que esto suceda necesito tiempo, que dicho sea de paso, es el mismo tiempo que utilizarán ellos para cohesionarse y zurrarme la badana. Una paradoja, pues cuanto más fuerte esté, más juntos pero no revueltos podrán concurrir a las elecciones. Mientras nada de esto sucede, el trío calavera ha de conformarse con acudir a las manifestaciones que se convocan a diestro y siniestro, pues es en las mareas verdes, blancas y de todos los colores donde este monstruo de los tres partidos se mueve como pez en el agua.
En cambio, en cuestiones acuáticas y seres fantásticos, yo me veo, más como el Campanu, el primer salmón que remonta el curso de los ríos cantábricos. Esta proeza piscícola es algo que no resulta muy complicado si tomas el viejo cauce del Turia y, en vez de nadar a contracorriente, te pones a hacer footing, el deporte que practico siempre que las obligaciones lo permiten. Por ejemplo, el otro día sin ir más lejos, abandoné las Corts en medio de una de esas impertinentes sesiones de control, so pretexto de acudir a un almuerzo con el cónsul checheno. En cosa de segundos, salto del escaño, dejo el hemiciclo entre los aplausos de la bancada, me introduzco en la toilette de caballeros, me enfundo el chándal. Luego, sin que me reconozcan sus señorías, salgo disparado hacia el río.
Ya he explicado que lo fácil, una vez alcanzado el puente de la Fusta, es correr en dirección a la Ciudad de las Artes, pero los buenos fondistas preferimos la dificultad y nos enfilamos hacia el Biopark. Este trayecto fluvial es una pendiente inclinada desbordada por deportistas en mejor o peor forma. Los primeros: los plusmarquistas, toman mi itinerario; los segundos: los domingueros, optan por dirigirse al complejo futurista de Calatrava. Algo similar ocurre en el mundillo de la política. El aprendiz de gobernante, lo mismo que el Campanu, se encarama hasta la cabecera, junto a los gorilas, los leones y las panteras del zoo; mientras, los politicastros, como la dorada de ración, escogen el camino del Oceanogràfic.
En la 13 rue de Génova espero que valoren estos gestos de valentía. Lo fácil, no se crean, sería complacer a ese trípode de progres que componen sociatas, catalanistas y bolcheviques, y celebrar las elecciones “Ja”, como reclaman. Pero no les voy a dar el gusto de perder tan pronto. Pezqueñines, no gracias. Así, que desesperen en la piscifactoría, junto a los demás revoltosos, y acaben de criarse a base de pienso luego existo. Además ellos -tan democráticos- por si el número actual de ejemplares no fuera suficiente, todavía deben de organizar sus primarias. De manera que donde ahora cuento tres cabezas, pasado mañana igual estoy desayunándome con media docena de candidatables. ¡El acabose!
Por todo lo expuesto, lo mejor es darle tiempo al tiempo y esperar a mayo del 2015 como quien espera que llegue la primavera en El Corte Inglés. Para entonces estas bitácoras -en las que todavía no he salido inaugurando ni una pobre rotonda- ya constituirán una Crónica con las más grandes hazañas presidenciales y digna de ser encuadernada en piel. Y a ver qué líder es capaz de competir con semejante librillo.
